Capitulo 1
Era yo un niño cuando empezo mi gusto por el metal y me mude a otra ciudad por mis estudios, establecido en bogota hace mucho tiempo y reconocido en la ciudad. En la noche oscura de mi viaje, despues de la comida, entro a mi cuarto una de mis amigas, y sin decirme una sola palabra cariñosa, porque los sollozos le embargaban la voz, corto de mi cabeza una cresta, cuando salio, habian rodado por mi cuello algunas lagrimas suyas. Me dormi y experimente un presentimiento lleno de pesares que debia sufrir despues, ese mechonsito quitados a una cabeza infantil, aquella causa del amor contra la muerte delante de tanta vida, hicieron que durante el sueño vagase mi alma por los lugares donde habia estado, sin comprenderlo, las horas, minutos y segundos mas felices de mi vida. A la mañana siguiente mis padres desataron de mi cabeza humedecida los brazos de mi amiga. Mis amig@s al decirme sus adioses las enjuagaron con besos. Maria espero humildemente su turno, junto a su mejilla sonrojada a la mia triste por la primera sensacion de dolor. Pocos momentos despues yo seguia a mis padres. Las pisadas de nuestros caballos en los senderos guirrajosos ahogaban mis ultimos sollozos. La musica de mi hogar iba disminuyendo; se aminoraba por instantes, dabamos ya la vuelta a una de las montañas de la vereda, en la que se podia divisar cuando venian visitantes, volvi la vista hacia arriba buscando uno de tantos seres queridos: maria estaba bajo las rosas que adornaban el aposento de mis padres.
Capitulo 2
Pasados seis años, los ultimos dias de un lujoso agosto me recibieron al nativo valle. Mi corazon rebosaba de amor patrio. Era ya la ultima jornada del viaje, y yo gozaba de la mas perfumada mañana del verano. El cielo tenia un tinte azul paildo: hacia el oriente y sobre las crestas altisimas de las montañas medio enlutadas aun, vagaban algunas nubecillad de oro, como las gasas del turbante de una muñequita esparcidas por un aliento amorosa. Hacia el sur flotaban las nieblas que durante la noche habian enbozado los montes lejanos. Cruzaba planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruian hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en lagunas o en sendas abovedadas por florecidos pisamos. Mis ojos se habian fijado con avidez en aquellos sitios medio ocultos al viajero por la copas de añosos graduales; en aquellos cortijos donde habia dejado gentes virtuosas y amigas ¡los perfumes que aspiraba eran tan gratos comparados con el de los vestidos lujosos de ELLA, el canto de aquellas aves sin nombre tenia armonias tan dulces a mi corazon! Estaba mudo ante tanta belleza, cuyo recuerdo habia creido conservar en la memoria porque algunas de mis estrofas, admiradas por mis condisipulos, tenian de ella palidas tintas. Cuando en un salon de baile, inundado de luz, lleno de melodias voluptuosas de aromas de mil mesclados de susurros de tantos ropajes de mujeres seductoras, encontramos aquello con quien hemos soñado a los dieciocho años y una mirada fugitiva suya quema nuestra frente, y su voz hace enmudecer por un instante toda otra voz para nosotros, y sus ficies dejan tras si esencias desconocidas entonces caemos en una postradicion celestial: nuestra voz es importante, nuestros oidos no escuchan ya la suya , nuestras miradas no pueden seguirla. Pero cuando, refrescada la mente, vuelve ella a la memoria horas despues, nuestros labios murmuran en cantares su alabanza y es esa mujer, es su acento, es su mirada, es su leve paso sobre las alfombras, lo que remeda aquel canto, que el mundo creera ideal. Asi el cielo,los horizontes, las pampas y las cumbres del cauca hacen enmudecer a quien los contemplo. Las grandes bellezas de la creacion no pueden a un tiempo ser vistas y cantadas: es necesario que vuelvan al alma, empalecidas por la memoria infiel. Antes de ponerse el sol, ya habia yo visto blanquear sobre la falda de la montaña la casa de mis padres al acercarme a ella contaba con mirada ansiosa los grupos de sus sauces y naranjos. Al travez de los cuales vi cruzar poco despues las luces que se repartian en las habitaciones. Respiraba al fin aquel olor nunca olvidado del huerto que me vio formar. Las herraduras de mi caballo chispearon sobre el empedrado del patio. Oi un grito indefinible; era la voz de maria: al abrazarla, y acercarme a ella, una sombra me cubrio los ojos. Maria estaba ahi junto a mi, y velaban sus ojos anchos parpados orlados de largas pestañas, sus ojos estaban humedecidos, aun al sonreir a mi primera expresion afectuosa, como los de un niño cuyo llanto ha callado una caricia materna.
Capitulo 3
A las 8 fuimos al comedor, que estaba ubicado en la parte oriental de la casa. Desde que se veian las crestas desnudas de las montañas sobre el fondo estrellado del cielo. Las auras del desierto pasaban por el jardin recojiendo aromas para venir a juguerear con los rosales que nos rodeaban. El viento voluble dejaba por oir por instantes el rumor del rio. Aquella naturaleza parecia ostentar toda la hermosura de sus noches, como para recibir a un huesped amigo. Mi padre ocupo la cabecera de la mesa y me hizo poner a su derecha; mi madre se sento a la izquierda, como de costumbre y maria quedo frente a mi. Mi padre encanecido durante mis estudios mi madre hablaba poco, porque en ese momento era mas feliz que todos la que le rodeaban. Mis amigas querian hacerme probar las cremas: y se sonrojaba aquella que to dirigia una palabra o una mirada examinadora. Maria me ocultaba sus ojos, pero pude admirar en elloz la brillantez en dos o tres veces se encontraron de lleno con los mios; sus labios rojos, humedos y graciosamente imperactivos, me mostraron solo el velado primor de su linda dentadura. Llevaba abundante cabellera castaño oscura arreglada en un alisado, en un pequeño bordd se veia un claverl encarnado. Vestia un traje de muselina ligera, casi azul, del cual solo se descubria parte del corpiño y la falda , pues un pañolon de algodon frio, colo de purpura, le ocultaban el seno hasta la parte de su de su garganta, de blancura mate. Al volver el cabello a la espalda, admire el enves de sus brazos deliciosamente tornados, y sus manos cuidadas como las de una reina. Concluida la cena , levantaron los manteles, uno de ellos rezo el padre nuestro y completamos la oracion. La conversacion se hizo entonces confidencial entre mis oadres y yo. Maria tomo en brazos al niño que estaba durmiedo en su regazo. Ya en el salon mi padre se despidio y mi madre quiso que yo viera el cuartos que se me habia destinado, mis amigos y maria, menos timidos ya querian observar que efecto me causaba el esmero cin que estaba adornado el cuarto, quedaba al extremo del corredor del frente de la casa: su unica ventana tenia por la parte de adentro la altura de una mesa comoda ; en aquel momento, estando abiertas las hojas y rejas, entraban por ellas floridas ramas de rosales a acabar de engalar la mesa, en donde un hermoso florero de porcelana azul contenia trabajosamente en su caoa azucenas y lirios, claveles y campanillas moradas del rio. Las cortinas del lecho eran de gas negra atadas a las columnas con cintas anchas de color rojo, y cerca de la cabecera, estaba la dolorosa pequeña que me habia servido para mis altares cuando era niño. Algunas mapas asientos comodos y un hermoso juego de baño completaban el ajuar.
-¡que bellas flores!- exclame al ver todas las que del jardin y del florero cubrian la mesa.
-maria-dije- va a guardarmelas, porque son nocuvad en la pieza donde se duerme -¿ es verdad ?- respondio-: pues las repondre mañana. ¡ que dulce era su acento! -¿ tantas asi ahi?- muchisimas; se repondran todos los dias. Despues que mi madre me abrazo, emma me tendio la mano y maria , abandonandome por un instante la suya , sonrio como en la infancia: esa sonrisa honyuelada era de la niña de mis amores infantiles, sorprendida en el rosteo de una virgen de rafael.
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